Ganar no es suficiente para Carlos Alcaraz. El murciano, que este sábado selló su billete para la final del Masters 1000 de Montecarlo, dejó una de las imágenes de la jornada al regresar a las canchas de entrenamiento poco después de duchar tras su triunfo ante Vacherot. ¿El motivo? Una insatisfacción crónica que solo los elegidos comprenden.
«No estaba golpeando la bola como quería y el saque tampoco terminó de funcionar», confesó el español en una rueda de prensa que destiló honestidad y un respeto reverencial hacia el hombre que le espera mañana: Jannik Sinner.
El ajuste fino: Sin margen para el error
Para Alcaraz, la final número 17 entre ambos (historial 10-6) requiere un nivel de tenis que roza lo utópico. Por eso, el entrenamiento post-partido no fue un castigo, sino una necesidad táctica. «Es lo mejor que puedo hacer para estar listo mañana», explicó con la calma de quien sabe que ante el italiano, cualquier grieta en el servicio es una invitación al desastre.
Sobre el plan para batir al «Robot», Carlos prefirió mantener las cartas cerca del pecho: «No voy a decir aquí el plan… He visto sus partidos, sé en qué ha mejorado y qué está haciendo bien». El conocimiento mutuo es absoluto, pero el murciano sabe que la ejecución será lo único que importe cuando el juez de silla diga «Time».
La mentira del favoritismo en arcilla
A pesar de que el polvo de ladrillo es el hábitat natural de Alcaraz (donde encadena siete finales consecutivas), el líder del ranking rechaza las etiquetas. «Contra él no hay favorito», sentenció con rotundidad. «Puedo perder contra él en cualquier superficie».
Para Alcaraz, el concepto de «especialista» se queda corto para definir a un campeón. «Un verdadero campeón es el que puede jugar bien en cualquier superficie», afirmó, en lo que pareció un elogio indirecto a la evolución de Sinner, quien ha demostrado que su tenis también es letal sobre la arcilla roja.
Dos titanes que se retroalimentan
Alcaraz analizó la hegemonía que ambos han instaurado en el circuito, negando que sean seres de otro planeta. «No somos superhéroes, también perdemos partidos», recordó, aunque admitió que la presencia del otro es lo que les obliga a no bajar la guardia. «Cada vez que jugamos uno contra el otro, elevamos nuestro nivel al máximo».
Mañana, en el Court Rainier III, no solo estará en juego el Número 1 del mundo. Estará en juego la validación de un método de trabajo que no descansa, ni siquiera después de ganar. Alcaraz busca la perfección; Sinner busca el trono. El espectáculo está garantizado.
Te invitamos a leer: Alcaraz vs Sinner: El historial de una rivalidad que define la historia del tenis
