El tenis femenino vive días de alta tensión en los despachos, y no precisamente por lo que ocurre dentro de la cancha. La reciente embestida de Salah Tahlak, director del WTA 1000 de Dubái, contra Iga Swiatek y Aryna Sabalenka, ha levantado una polvareda que ha cruzado el Atlántico. El directivo, herido en el orgullo de su torneo por las bajas de las dos mejores del mundo, exigió sanciones ejemplares y quita de puntos. Sin embargo, se encontró con un muro de frente: la voz de Andy Roddick.
El ex número uno del mundo y analista estrella a través de su podcast Served, no se guardó nada. Fiel a su estilo directo y sin anestesia, el estadounidense desmanteló el discurso de Tahlak, calificando sus peticiones como una falta de lógica absoluta en un circuito que exprime a sus protagonistas hasta el límite físico.
El arquitecto del sentido común frente al autoritarismo
La molestia de Roddick no es casual. El ex campeón del US Open puso el dedo en la llaga sobre la doble vara de medir que utilizan algunos estamentos del tenis. Para Andy, es inaceptable que se trate a las jugadoras como contratistas independientes para evitar salarios, pero se les quiera castigar como empleados subordinados cuando su cuerpo dice basta.
«Mi parte favorita es cuando la gente dice que, cuando les conviene, son contratistas independientes y no pueden pagar salarios. Pero si deciden no jugar esta semana, ¿les vamos a descontar puntos de clasificación?», soltó Roddick con una ironía punzante. Para el estadounidense, el pecado original no está en la renuncia de las jugadoras, sino en la ambición de los organizadores por saturar el calendario en regiones geográficamente exigentes justo después del Open de Australia.
Un calendario que devora a sus propias estrellas
El análisis de Cancha Central no puede ignorar los datos: Dubái ha sufrido una fuga masiva de talento este año. No fueron solo Swiatek y Sabalenka; la lista de retiradas se volvió interminable, incluyendo a figuras de la talla de Elena Rybakina. La realidad es que poner dos torneos de categoría 1000 de forma consecutiva en febrero es jugar con fuego.
Roddick fue tajante al respecto de la propiedad de los puntos: «¿Quiere quitarles puntos que ya han ganado en otro sitio? Se los han ganado. ¿Va a quitarles puntos de hace seis meses? ¿Cómo es posible?». La lógica del analista es aplastante: cada unidad en el ranking es fruto de sudor y victorias previas, y pretender confiscarlas por una ausencia justificada por salud roza lo irracional.
El castigo invisible que ya sufren las jugadoras
A menudo se olvida que las tenistas no se «borran» gratis. Iga Swiatek y Aryna Sabalenka ya enfrentan multas económicas considerables y, lo que es más doloroso para sus aspiraciones, la pérdida de los puntos que defendían del año anterior. Para Roddick, añadir a esto una sanción adicional es no entender cómo funciona el deporte profesional de élite.
«No creo que esté muy bien pensado. Les vas a quitar dinero porque no pueden jugar tu torneo por alguna razón, eso ya es raro, y luego les vas a quitar puntos. Eso no tiene ningún sentido», sentenció el estadounidense, cerrando un debate que deja al director de Dubái en una posición comprometida.
La sección WTA de Cancha Central inicia así, con una verdad incómoda: mientras los directivos sigan viendo el tenis como un tablero de ajedrez financiero sin considerar el desgaste humano, las bajas seguirán ocurriendo. Salah Tahlak buscaba culpables en el ranking, pero quizás debería empezar a mirar el diseño del calendario que él mismo promociona.
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