La paz del gigante: Del Potro y los tres altares de su leyenda en el tenis

Ver a Juan Martín Del Potro sonreír en una cancha de tenis es, quizás, la victoria más importante de su carrera. Tras años de quirófanos, vendajes y una lucha agónica contra su propio cuerpo, el tandilense parece haber encontrado finalmente ese puerto seguro llamado aceptación. En una reciente exhibición en Sao Paulo, junto a figuras como Andy Roddick y Diego Schwartzman, «Delpo» no solo regaló su mítico derechazo; regaló una reflexión que sirve de testamento para una generación.

Publicidad

Ya no hay urgencias ni tiempos de recuperación que cumplir. En la madurez de su retiro, Juan Martín miró hacia atrás —sin rastro de amargura— para seleccionar los tres momentos que, en sus propias palabras, le dan sentido a todo el sacrificio vivido.

Río, la Davis y el sueño de Nueva York

Para Del Potro, el podio de su memoria comienza con una semana mágica que casi no sucede: los Juegos Olímpicos de Río 2016. «Venía volviendo de la muñeca, sin saber si seguir jugando», confesó. Aquella victoria ante Novak Djokovic en primera ronda no fue solo un resultado deportivo, fue el milagro que le devolvió la fe a un hombre que estaba a punto de colgar la raqueta en la sombra del anonimato.

El segundo pilar, como no podía ser de otra forma para un corazón albiceleste, es la Copa Davis. Ese trofeo que fue obsesión nacional y que él ayudó a levantar para saldar una deuda histórica. Y finalmente, el origen de todo: el US Open 2009. Aunque Roland Garros sea la meca de la tierra batida, Del Potro siempre fue un ciudadano de las luces de Nueva York. Ganar allí, siendo apenas un niño ante Roger Federer, cerró el círculo de sus sueños infantiles.

Publicidad

El «Big Four» y el peso de la rutina

Uno de los puntos más interesantes de su charla con Schwartzman fue el reconocimiento a la era que le tocó habitar. Mientras el mundo habla del Big Three, los protagonistas sabían que eran cuatro. «Murray era otro fenómeno», subrayó Juan Martín, recordando la dificultad extrema de competir contra los «Cuatro Fantásticos», una muralla que solo él y unos pocos elegidos lograron agrietar.

Hoy, lejos de la disciplina monástica que exige el tour, Del Potro admite qué es lo que realmente extraña: la gente. El rugido de los estadios, la conexión eléctrica con el público que siempre lo adoptó como propio. Sin embargo, no hay nostalgia por el «barro» del profesionalismo. El agotamiento de la rutina, los entrenamientos bajo dolor y la disciplina férrea han quedado en el pasado. Hoy, la «Torre» es más alta que nunca, no por sus trofeos, sino por la paz que irradia al saber que, en la cancha, lo dio absolutamente todo.

Te invitamos a leer: La armadura invisible: La revolución textil que define el éxito de Sinner y Alcaraz

Leonardo Gil

Leonardo Gil

Periodista deportivo multimedia (UCAB) con más de 15 años de trayectoria en Meridiano TV e IVC. Especialista en análisis técnico del circuito ATP/WTA y director de Cancha Central.

Publicidad

Deja un comentario