A las puertas de los 39 años, con las vitrinas rebosantes de metal y la historia rendida a sus pies, Novak Djokovic se ha permitido un ejercicio de nostalgia pura. En una charla profunda con Vanity Fair, el hombre de los 101 títulos ATP fue consultado sobre qué fragmento de su existencia le gustaría congelar en el tiempo para repetirlo infinitamente. Y la respuesta, aunque esperada por los románticos, no deja de tener un «voltaje» emocional altísimo.
Profesionalmente, el serbio no eligió su primer Wimbledon ni su décimo Australia Open. Nole eligió la tarde en la que el tenis se completó para él. “Me gustaría volver al momento en que gané la medalla de oro para mi país en los Juegos Olímpicos de París”, confesó el balcánico, recordando aquella gesta de 2024 donde, tras vencer a Carlos Alcaraz en una final para los libros, cerró el círculo del Golden Slam de carrera.
Un Olimpo «congelado en el tiempo»
Para Djokovic, ese éxito en la tierra batida de Roland Garros (curiosamente el escenario que lo espera en unas semanas) fue el punto de no retorno. En París, Novak no solo derrotó al murciano en dos tie-breaks de infarto; antes, tuvo que pasar por encima de su eterno rival, Rafael Nadal, en un duelo que hoy cobra un valor histórico incalculable.
“Muchos otros éxitos también se han quedado congelados en el tiempo”, admitió el serbio, quien también puso en la balanza sus hitos personales: su boda y el nacimiento de sus dos hijos. Sin embargo, en el plano del guerrero, nada supera el peso de esa medalla dorada que buscó durante casi dos décadas y que finalmente capturó a los 37 años.
El hambre del 25 no se detiene
Pero no todo es mirar al pasado. El Djokovic de 2026, ese que viene de una final en Melbourne y un tropezón en Indian Wells, sigue teniendo el colmillo afilado. A pesar de los años, su ambición no ha caducado: “Obviamente, me gustaría ganar al menos otro Grand Slam más”, disparó, dejando claro que el récord absoluto de 25 grandes (para superar a Margaret Court) es la gasolina que lo mantiene activo.
«Nole» no solo quiere estar; quiere observar y ser parte de los cambios del tenis como jugador activo. Con proyectos en el área del bienestar y la longevidad, el serbio parece haber descifrado el código para engañar al tiempo, aunque confiese que a veces le cuesta aceptar la velocidad con la que vuela la vida.
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