En el tenis, como en la vida, tendemos a pensar que todo tiempo pasado fue mejor. Sin embargo, cuando la opinión viene de alguien que ha vivido el circuito desde las entrañas del éxito de un Big Four, la sentencia cobra un peso distinto. Jamie Delgado, en una reciente charla para el podcast ‘Off Court With Greg’, ha puesto el dedo en la llaga sobre el eterno debate: ¿Es el nivel actual comparable al de la era de Federer, Nadal y Djokovic?
Para Delgado, la respuesta tiene matices de ingeniería táctica. Mientras reconoce que Jannik Sinner y Carlos Alcaraz son jugadores «increíbles» que podrían haber mirado a los ojos a las leyendas en su apogeo, el problema reside en quienes vienen detrás. La «clase media-alta» de hace diez años, según el técnico británico, era una jauría de lobos mucho más peligrosa que la actual.
Los «Guardianes» que ya no están
«Hace diez años, había más rivales que les plantaran cara», afirma Delgado con la autoridad de quien vio a su pupilo, Murray, batallar contra gigantes. El entrenador dio nombres propios que hoy suenan a mística pura: Juan Martín Del Potro, Stan Wawrinka y Tomas Berdych. Jugadores que no solo participaban, sino que eran capaces de descarrilar a los tres grandes en cualquier tarde de Grand Slam.
Para el actual entrenador de Draper, los actuales números 4 al 15 del ranking no representan la misma amenaza que aquel grupo de élite. Aunque Zverev o Medvedev son fuerzas dominantes, Delgado sugiere que la profundidad de los diez mejores de hace una década tenía una pegada y una personalidad competitiva que hoy parece más diluida ante el dominio binario de Sinner y Alcaraz.
La «Trampa» del nivel medio actual
No obstante, Delgado no es un detractor del presente. Su análisis ofrece un contrapunto fascinante: el nivel medio del circuito es ahora más alto que nunca. «Hace 10 o 15 años, la primera ronda para los mejores era un poco más de un paseo», confiesa. Hoy, la brecha entre el número 1 y el número 70 se ha estrechado gracias a la profesionalización física y el acceso a la tecnología de análisis.
Esto obliga a los «capos» actuales a estar en alerta roja desde el lunes de torneo. Sin embargo, esa igualdad en la base parece haberle quitado el oxígeno a las alternativas reales de poder. En la era actual, parece difícil ver a un «Wawrinka» emergiendo para arrebatarle tres Grand Slams a los dominadores.
Estamos ante un tenis más democrático en sus rondas iniciales, pero quizás más predecible en sus domingos de final. La pregunta queda en el aire: ¿Preferimos un circuito con paseos iniciales y finales épicas, o una batalla constante desde el día uno con un desenlace casi escrito por el dúo italo-español?
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