Hay algo aterrador en la facilidad con la que Jannik Sinner está superando a sus rivales en este 2026. Su última víctima, Frances Tiafoe, fue apenas una marioneta en manos del italiano durante los cuartos de final del Miami Open. Sinner, con la frialdad de quien ejecuta un plan maestro, atacó las piernas fatigadas del estadounidense desde el primer minuto. «Traté de empezar el duelo de manera muy física, intentando entender cómo se encontraba él», confesó tras una actuación que lo deja a solo dos pasos de una gesta que pocos han firmado: el Sunshine Double.
Sin embargo, más allá de su servicio —que ahora promedia casi 5 km/h más de velocidad— y de su debate sobre si es más duro ganar Indian Wells y Miami o el doblete Roland Garros-Wimbledon, el mundo del tenis esperaba su reacción a las palabras de su gran «socio» en el circuito, Carlos Alcaraz.
El «sacrificio» de Carlitos en el cristal
Cuando le preguntaron por la afirmación de Alcaraz sobre que serían una pareja imparable en el pádel, Sinner no pudo contener la risa. Con esa humildad característica que camufla su instinto asesino en la cancha, Jannik le devolvió la pelota al murciano. «¿Sobre lo de que Carlos y yo seríamos imparables como equipo en el pádel? Si él lo dice… pero creo que va a tener que correr y jugar por los dos», disparó el italiano, admitiendo que sus habilidades con la pala no están a la altura de su derecha invertida.
Sinner no escatimó en elogios para la versatilidad atlética del español, reconociendo que Alcaraz parece bendecido para cualquier disciplina: «No soy demasiado bueno al pádel, pero todos sabemos de lo que Carlos es capaz de hacer, en todos los deportes. Juega bien al golf, también al pádel y es un excelente tenista».
La revancha en la nieve
Pero el número 2 del mundo, criado entre las montañas de los Alpes, guardaba un as bajo la manga para equilibrar la balanza. Si en el pádel Alcaraz tendría que cargar con el equipo, en el deporte blanco por excelencia de Jannik, las tornas cambiarían drásticamente.
«Si hablamos de esquí, eso lo puedo hacer yo por ambos», sentenció Sinner entre carcajadas, recordando sus orígenes como campeón juvenil de esquí antes de elegir la raqueta.
Mientras el italiano sigue enfocado en su mantra de «ir día a día» para conquistar Florida, este intercambio de flores y bromas entre los dos herederos del trono confirma que el tenis está en buenas manos. Sinner puede que no sea un maestro de la bandeja o el remate por tres, pero en el asfalto del Hard Rock Stadium, sigue siendo el hombre a batir.
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