Hay silencios que aturden más que un saque a la T. Tres meses después de que el mundo del tenis quedara en shock tras la separación de la dupla más dominante de la nueva era, Juan Carlos Ferrero ha decidido bajar la guardia. En una charla profunda y sin filtros en Chiringuito Inside, el hombre que moldeó al diamante de El Palmar ha puesto palabras a una herida que, aunque cicatriza, todavía escuece cuando se encienden las luces del estadio.
El costo de la perfección y la grieta interna
«Al principio fue complicado. Cuando veo a Carlos jugar, se mezcla la sensación de querer que le vaya bien con la tristeza de no estar ahí», confiesa un Ferrero que hoy busca paz en los campos de golf, pero que mantiene la mirada fija en el circuito. La gran pregunta que todos se hacían —el porqué del adiós— encontró finalmente una respuesta lejos de los ceros en el banco: «No fue una cuestión de dinero. Simplemente, no pensábamos igual en la manera de continuar trabajando. Hubo cosas privadas a nivel interno donde no se llegó a un acuerdo».
Ferrero, fiel a ese estilo meticuloso que lo llevó a la cima como jugador y técnico, recordó cómo recuperó la ilusión con un Alcaraz que viajaba en coches humildes, contrastando con el lujo de su etapa previa con Alexander Zverev. Sin embargo, la exigencia del «Mosquito» chocó con la naturaleza vibrante de un joven que, tras tocar el cielo en Roland Garros, pedía una semana para ser, simplemente, un chico de su edad.
El «veneno» de las distracciones y el fantasma de Netflix
Uno de los puntos más calientes de la entrevista tocó su polémica frase en el documental de Netflix, donde cuestionaba la ética de trabajo del murciano. Ferrero no se desdice, pero matiza con la sabiduría del que conoce el terreno: «Él siempre lo dio todo, pero cuando empiezas a vivir fuera de cancha, surgen distracciones muy golosas. Teníamos temor a las lesiones porque nos pedía tiempo para hacer lo que quisiera justo antes de Londres».
A pesar de las dudas, el valenciano reconoce que Carlos está sabiendo separar el ruido del trabajo, aunque lanza una advertencia basada en el Big 3: «Lo de Novak es genial. Al inicio todo es ilusión, pero cuando pierdes frescura, es la disciplina la que debe tirar de ti si quieres ser el mejor de la historia».
La sombra de Samuel López y el deseo de un abrazo
La situación actual tiene un tinte agridulce. Ver a Samuel López, su hombre de máxima confianza, en el box de Alcaraz es un bálsamo y un puñal a la vez: «Me pone tranquilo saber que él conoce el trabajo de años, pero duele un poco verle ahí», admite.
Sobre el frío distanciamiento digital —el famoso unfollow y la falta de felicitaciones públicas— Ferrero prefiere quedarse con la intimidad de un mensaje privado de agradecimiento que Alcaraz le envió al terminar. No se han visto desde las finales de Turín, pero el deseo de reconciliación es total: «Tengo ganas de verle para darle un abrazo y normalizar esto. Ojalá podamos jugar juntos al golf».
La puerta que nunca se cierra
Ferrero volverá al circuito, eso es un hecho. Las ofertas llueven sobre su mesa, pero su corazón parece tener un dueño deportivo claro. Al ser consultado sobre un posible segundo capítulo con el murciano, la respuesta fue la sentencia definitiva de esta historia: «Sé que si Carlos alguna vez me pidiera volver, no podría decirle que no». Porque al final, los grandes maestros nunca terminan de soltar la mano de su mejor obra.
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